lunes, 26 de julio de 2010

Pétalos

Las palabras son consumidas en la elocuencia a modo de preludio
y todo se quema junto al fuego febril que arde menguante,
hasta quizás ser capaz de arrasarlo todo,
despojándonos de toda charla innecesaria.
Tu cuerpo es un lienzo que busco recorrer con mis manos,
Fundiendo mis dedos en las llamas de tu piel,
hundiéndome en una mezcla de sutileza y fogosidad,
deseoso de descubrir cada centímetro de suavidad.
Extinguiendo todo pensamiento en tus tersos cabellos,
como un manto de tan pura naturaleza que me llevase a bosques de cielos azulados,
a mares con acantilados bañados por la blanca espuma de las olas,
que rompen en gimientes rugidos liberados.
Derretiría mi conciencia en un suave y tibio letargo,
besando los pétalos de tu cuello, desnudando mis manos en tus ojos cerrados,
dibujando las oscuras sabanas de una noche,
sellando las agujas del reloj para que el tiempo no se escurra de nuestros cálidos cuerpos,
y así entonces, nuestros labios contengan la incandescente concentración
de superfluas horas que fluyen por nuestra saliva,
deslizándose por nuestras lenguas de fuego,
tan ávidas y deseosas reptando por nuestros cuerpos.
Que una sutil melodía sea el susurro de un ángel a tu oído
y que la música sea la figuración de nuestros cuerpos danzantes, retorcidos.
Que mis vehementes respiros sean una extensión de tus suspiros,
y que el aire, nuestro respirar, nuestras bocas húmedas,
sean una unánime noche estrellada entre nuestros brazos y piernas.
Que la luna se funda en nuestras bocas como el vino que se derrama sobre tus labios tiñéndolos con una suave y purpúrea sutileza.

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