I
Escalando la noche hasta la madrugada del naciente día y allí, el desenlace total.
El sueño en paramos lejanos, inexistentes,
los pensamientos revoloteando en la mente,
como nebulosa de mariposas nocturnas, eléctricas y dinámicas.
Bosque inmenso,
Océano mental, en que juegan danzantes la naturaleza y las sombras,
La luz y la oscuridad, el temor y la valentía,
y los centenares de esqueletos de guerreros
que en su osadía han caducado su vida.
Oníricas invernales tierras lóbregas,
donde el hielo de lo insólito cubre los yermos campos quemados por el frío,
donde los músculos del cuerpo se entumecen y no responden a los impulsos,
donde la mente nos traiciona y nuestros besos y caricias son deseos correspondidos,
pero es como una ínfima flama pequeña en la inmensa oscuridad,
y pronto se apaga, se deshace, y toda ilusión caduca
en un desagradable despertar con los labios secos y los ojos húmedos,
con la sensación en las manos, de que una caricia perdida se escapo
de tanta oscuridad, y llego a algún justo destino.
II
Sueño, insidioso inconsciente que te infectas de cruel realidad.
Dentro de tu película surrealista en mis ojos de fantasma
el vacío sangra frío el desamor en soledad.
¿Y en que se diferencia tal aspecto de la vigilia,
si al fin y al cabo me persuades con la triste verosimilitud?
En tus ojos de espejos se deforma mi vida para bien o para mal,
y me dejas saboreando la ilusión cuando te extingues y todo termina y se va,
volviendo a lo mismo de siempre,
a saber que de ti real no hay nada y que solo eres una mentira, un engaño,
un demonio maligno que me ilusionas con tus ojos de fuego,
dándome el espejismo de una verdad.
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