jueves, 6 de mayo de 2010

Noche


Que la noche se hunda toda en tus cabellos,
Derramando nebulosas por entre tus dedos,
Cerrando tus párpados suavemente con el tibio claro de luna.
Que el cielo bendiga tus sueños,
Con blandas escenas imaginarias, fantasías y deseos;
Regodeándose en tu tierna hermosura, enamorante, en tu encanto,
Agazapando diáfanas melodías benevolentes,
Que danzan en un nocturno espiral en el viento.
Mientras la noche reposa en tu tierno dormitar,
Duerme o sueña si quieres,
Sobrevuela el mar en tus plateadas alas de seda nocturna,
Que al abrir los ojos tus pupilas darán la aurora al día que vendrá.

Quimera


I

Una centella de energía fluyendo por mi sangre,

Tiñendo el rojo de ocre ardor.

Las garras de león saliendo interiormente,

El oscuro monstruo de las emociones gruñendo con fuerza.

Las palabras devastadas sin haber nacido,

Los pensamientos nebulosos sin ser pensados ni entendidos.

La figuración del futuro envuelto en sabanas de niebla,

La lluvia empañando los ojos ciegos.

La lengua masticada y deglutida en el instante,

Las palabras tachadas y atragantadas,

Espinando sin rosas el pecho.

La búsqueda de armonía,

El deseo de paz.

La guarida, el resguardo

Ante los enjambres de agravios diversos.

Cruzar palabras

Y obtener un profundo puntazo con eso.

Guardar palabras y aumentar la lenta putrefacción por dentro.

Y entonces surgen las preguntas;

Cómo hallar la salida?

Cómo liberarnos de esa propia trampa artesanal

Y salir de este letargo en profundo lecho.

Cómo deshacer esta opaca y oscura red mental.

Qué camino tomar para escapar del laberinto,

Si la mente nos engaña en cada sendero,

Y al corazón le gusta tanto lo que le hace bien como mal.

Malditas flores marchitas





Los sueños en el aire abstracto,
Como partículas oníricas
Que forma inconciente van creando.
El perfume de las rosas de otoño marchitas
Inundando el cuarto.
Las notas de un piano leve
Sonando en la silenciosa madrugada,
Y el cuerpo que yace en el lecho,
Spléenico, triste y agotado.
Deseo nocturno constante
De que el sol no despierte nuevamente
Y la noche se extienda eterna,
Brindando su oscuro resguardo, su dulce deleite;
Que la luna reine en inamovible dinastía nocturna, designio lunar.
Que gratas sensaciones inunden al cuerpo y el alma,
Y que no se esfumen en besos a la nada,
En parpadeo noctámbulo.
Los ojos que se cierran,
la mente que dilata el fluir de pensamientos en su tapiz desvencijado,
los sueños que caen al azar y quizás mueran,
duerman sin ser soñados.
Las malditas flores bajo la almohada
Y los sentimientos con un ojo abierto y otro cerrado.
Suspirando en soledad la madrugada,
Como rosas marchitas que nunca fueron entregadas,
Perdiendo sus pétalos, muertas en las manos de la nada.