Es fuego ardiente, Es dolor incontenible, Es suavidad incomparable Y veleidad inconfundible. Serenidad de placidos momentos, Oscuridad de tormentosos pensamientos. Ligereza de alegría y luminosidad Pesadumbre del peso de sueños muertos. Risas y llanto, fuego glacial, Desgarramiento interno de congoja pasional Pasión indescriptible O frialdad incapaz de derretir, Inocencia insidiosa Aversión post cariño condensado. Desasosiego de ternura incomparable Una llama que extinguirse no se puede Aun con replica de océanos rebalsados Abrazos de arrolladora tibieza, A las sombras de la nada, Caricias de suavidad afable, De cortante y fría daga. Amor! Ruin y hermoso amor! Virus corrosivo que deleita y luego revienta carcomiendo nuestra alma.
Merodeando a través de las sombras de la noche, surcando el haz de luz que la engalanada luna derrama sobre la aletargada ciudad, revelando los demonios del temor, de la constante paranoia, de pensamientos hostiles y perversos, penetrando la gimiente oscuridad. Una serpiente se desliza sensualmente en la tinieblas, y funde su lúbrica piel de reptil con la seda nocturna, dilatando la noche, con su ardiente humedad, en plácidas sensaciones infernales, en oscuros pensamientos, mórbidos y bizarros. La demencia sonríe a la luna, y lame a la serpiente rijosa, retorciéndose en placidos estremecimientos, danzando con el placer en el fuego, bebiendo del veneno del miedo, relamiéndose con la penumbra en la fémina piel erógena, en la prohibida manzana. La metamorfosis se desarrolla en la noche arrasada por el fuego licencioso, la serpiente forma un ser extasiado por el placer, una mujer, un demonio, un ángel, una mujer serpiente, vampira de pasión, sedienta. Su cuerpo convulsiona en gimientes estrépitos, su retorcida figura arde en las llamas de la rojiza seda de fantasías, de deseos y quimeras. La noche se introduce en su cuerpo con sensual violencia, y la locura corta sus suspiros con jadeante saliva sicalíptica, lamiendo su ardiente humedad, penetrando los labios de la rosa carnal, dilatando el fuego en la noche humedecida y abrasada. Y las penetrantes miradas se pierden en los ojos cerrados de rostros excitados, entre curvas voluptuosas con un aire infernal. Los gritos liberan la energía contenida, la sed oscura de tinieblas rojas desatada en un frenesí de cuerpos, de sangre caliente de fantasmas de la mente, de mentes retorcidas con sed de maldad, de morbosas escenas impúdicas, de un canibalismo que se relame por la hermosa carne de rosa roja, de cielo púrpura, de mujer serpiente con ojos que llevan las tinieblas sumergiéndose en un océano azul con benevolencia angelical, con lúbrica perversidad. El día nunca aparece, la noche se torna eterna en la perpetua penumbra. La luz se pierde en el dulce carmesí, en los labios de serpiente, en la sangre de la demencia, en aberrantes fantasías, en desquiciados pensamientos. El sueño nunca termina, la muerte vierte su aroma a rosas marchitas, y desfila desplegando un velo neblinoso sobre el pernicioso escenario carnal.
Oh maldita y agraciada dualidad que tanto del fervoroso y susceptible tienes en amalgama de fría y cortante ruin inquinidad Con ingenuo e infantil anhelo de amar y ser amado Arrasando de lacerantes rosas de azúcar el corazón con el tacto Y el sabor de bruñido metal. Desfalleciente en sollozos de fuerza y pesar, Crepitante y silente gritando con fuerza al mundo, Quieto inerte revolcándose en gélido recoveco sepulcral Derramando su bermeja sangre ígnea. Dejando en los besos más dulces pétalos de rosas, de miel y de sal, Fluyente arrasando la mente como corriente austral. Austero lujurioso, destructor del orden ordenador del caos, Epitafio inexistente de los sueños más valiosos y dolientes, Lacrimoso yermo y rechazado, Retorciendo el profundo puñal añorable en un suplicio Deseoso de placer y felicidad. Ni la muerte ni la vida te llenan, mas ambas en tu ser deseas Y entre danzantes rayos luminosos desnudas las sombras, incrédulo idiota, Que en la mesura tu soberbia agotas, enamorándola en razonable impulsivo meditar
Y bueno… que más voy a decir, si cada vez que digo algo siento que te vas corriendo, escapándote de mis palabras. Y mis palabras… Se pierden, se vuelan con el viento. Y al final siempre me quedo hablando solo, Entablando dialogos en mis pensamientos. Y despues me olvido que dije, que dijiste, Pero me rio…¡porque se que nadie dijo nada!. Ja ja ja Y me rio, y me causa gracia, si solo es una situación imaginaria. Pero que cargada que es la escena, los dialogos, las miradas, mis caricias, tu cara, la distancia, la cercanía tan dura. Esa dicotomía de lo que es bueno pero te hace mal. ¡Y al final se va todo a la mierda! Si tan solo son pensamientos, fantasías que no creo que se den de tal manera, no creo que suceda así en la realidad, fuera de mi cabeza. Entonces me pongo a pensar en otra cosa, pienso que soy un idiota, y que se que tego que hacer, pero no lo hago, y me cuesta, y me hace mal. Pienso que vos estas bien y que no te importa nada, yo ya no te importo, soy una sombra, un vestigio. Y me alimento de eso, y me despabilo diciendome: “¡Hey sosstupido!¡ quemarte la cabeza por algo tan simple!¡todo el tiempo pensando en lo mismo, todos los dias con la imagen fija que vuelve a tu pensamiento! Y todo ¿por que? Por una tortuga que te quitaron y la llevaron al zoológico allá por las sierras. Ja, entonces ahí es cuando me acuerdo, y recuerdo que estoy internado, y me rio fuerte, y salto y grito, y bailo, y me sigo riendo a carcajadas, y viene la enfermera y el enfermero, y entonces… Ya me siento bien… Y ahora pienso en almohadas y hamacas, y no en tortugas parlanchinas que mean en mi living y bailan en mi cabeza. Y recuesto mi cuerpo sobre la pared acolchonada.
Asi que besé sus labios y acaricié su piel, bebí de su fragante aroma y empañé mi alma con sus dulces melodias. Su mirada era extraña, sus parpados cansados como las cortinas del teatro de los sueños apagados, como el telón del escenario de la vida, sus ojos idos en locas rarezas que su mente desplegaba en su pupila agotada, como un encanto pictórico de peculiaridad. Su piel era seda blanca, laxa exquisitez que me tentaba a cada centimetro de suavidad, y su figura...ansiada adoración, fervor de ternura y dulzura. Todo era hermoso en tiempo y lugar, el perfecto momento escurriéndose por nuestros labios, por nuestras manos, filtrándose como granos de arena por nuestros dedos, pero ella pronto se fue, y solo me dejó su cuerpo entre mis brazos. Sus ojos se apagaban como estrellas desfallecientes, y su mente se volaba en el representativo ocaso, dejándome su beso entre los labios y su inocencia en mis manos. Entonces antes de irse me dijo:
“Chau hasta luego, si te doy todo de mi tendré que darte un trastorno mental sin evidencia de lesión orgánica, con un nivel elevado de angustia y una hipertrofia disruptiva de los mecanismos compensadores de la misma. Envolver con celofán un adecuado nivel de introspección y conexión con la realidad, desarrollar en un sobre, una carta, conductas repetitivas e inadaptativas disminuyendo el nivel de estrés que se tensiona y se afloja, en vacio libertinaje deleitable. Se trata, en realidad de mi gravedad muy variable, desde grados leves y controlables hasta situaciones gravemente incapacitantes que me sofocan en las penumbras del tormento. Te dejare inefables partículas de mi melancólico querer, desharé los pétalos de la rosa uno a uno como cuerdas cósmicas de la sinfonía universal entretejiendo una galaxia de notas por la cual mi mente se pierde y se va, y me voy, y te dejo…mi cuerpo, mi disfraz.”
Y se corto las muñecas, y floreció el rosal escarlata, y ya no había vestidos ni tardes con las amigas, ni pequeñas casas de plástico, y sus cabezas rodaron por el suelo y sus inexpresables miradas se perdieron en la nada, en un cuento que no se pudo saber contar, en la locura mirando más allá. Y el frío metal incisivo corto su mente esta vez y el frágil cristal estalló en mil pedazos y astilló su corazón. Pero yo estaba allí, junto a ella, junto a lo que había quedado de su ser, y limpié los fragmentos de cristal ensangrentado y bañado de lágrimas, y guardé su corazón entre mis manos, y mantuve su calor con el del mío, esperando a cuando ella regrese, y dárselo todo... en mi próximo delirio, en mi proxima alucinacion.
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos Refulgente en divino pedestal, Sin sombras que oscurezcan tu blanco brillo, Inmaculado sin mancha que te pueda dañar. Excelso fulgor uniforme y monótono Irradias en un profundo vacío Mas el vacío sin sentir no influye, Libre e imperceptible pasa por la perdida mirada, voluble y fugitiva. Imperturbable. Como el humo danzante del cigarrillo ardiente Así tu memoria se esfuma en la nada, y muere. Los vestigios de un pasado como sombras o marea, Que se alejan y regresan, Se deshacen en tus manos como burbujas flotando en el viento del olvido, Que desgreña los cabellos de cabezas obnubiladas en el ayer, Y fallece en el océano del tiempo, Que fluye constante sin mirar atrás. Espacio blanco creas en el ser, un cuarto espacioso y desocupado, como un desierto donde nunca pasó nada, pero en que la verdad se ríe insidiosa a carcajadas en su espejo cruel, reflejo cruel. Como la mente infantil carente de experiencia en la vida, Como una copa de vino que se lava para volverse a llenar, de un nuevo vino, de un nuevo sabor. Bendito sea tu manto de puro algodón Que erige en la mente nubes atemporales, impersonales, Y con ellas diferencias al individuo, libre y solitario en el mundo, Dejándolo todo fluir al infinito, de un espacio ignoto y lejano. Pero eterno resplandor de una mente sin recuerdos El vacío es tu insignia y la nada tu signo, El silencio tu nota que invade el interior. Y como lagrima que se pierde en el mar Como el ultimo grano de arena en el reloj, Como la ultima pieza en el tablero de la jugada perdida Tu benevolencia es el morir y renacer ante un suicidio obligado.