
Asi que besé sus labios y acaricié su piel, bebí de su fragante aroma y empañé mi alma con sus dulces melodias. Su mirada era extraña, sus parpados cansados como las cortinas del teatro de los sueños apagados, como el telón del escenario de la vida, sus ojos idos en locas rarezas que su mente desplegaba en su pupila agotada, como un encanto pictórico de peculiaridad. Su piel era seda blanca, laxa exquisitez que me tentaba a cada centimetro de suavidad, y su figura...ansiada adoración, fervor de ternura y dulzura. Todo era hermoso en tiempo y lugar, el perfecto momento escurriéndose por nuestros labios, por nuestras manos, filtrándose como granos de arena por nuestros dedos, pero ella pronto se fue, y solo me dejó su cuerpo entre mis brazos. Sus ojos se apagaban como estrellas desfallecientes, y su mente se volaba en el representativo ocaso, dejándome su beso entre los labios y su inocencia en mis manos. Entonces antes de irse me dijo:
“Chau hasta luego, si te doy todo de mi tendré que darte un trastorno mental sin evidencia de lesión orgánica, con un nivel elevado de angustia y una hipertrofia disruptiva de los mecanismos compensadores de la misma. Envolver con celofán un adecuado nivel de introspección y conexión con la realidad, desarrollar en un sobre, una carta, conductas repetitivas e inadaptativas disminuyendo el nivel de estrés que se tensiona y se afloja, en vacio libertinaje deleitable. Se trata, en realidad de mi gravedad muy variable, desde grados leves y controlables hasta situaciones gravemente incapacitantes que me sofocan en las penumbras del tormento. Te dejare inefables partículas de mi melancólico querer, desharé los pétalos de la rosa uno a uno como cuerdas cósmicas de la sinfonía universal entretejiendo una galaxia de notas por la cual mi mente se pierde y se va, y me voy, y te dejo…mi cuerpo, mi disfraz.”
Y se corto las muñecas, y floreció el rosal escarlata, y ya no había vestidos ni tardes con las amigas, ni pequeñas casas de plástico, y sus cabezas rodaron por el suelo y sus inexpresables miradas se perdieron en la nada, en un cuento que no se pudo saber contar, en la locura mirando más allá. Y el frío metal incisivo corto su mente esta vez y el frágil cristal estalló en mil pedazos y astilló su corazón. Pero yo estaba allí, junto a ella, junto a lo que había quedado de su ser, y limpié los fragmentos de cristal ensangrentado y bañado de lágrimas, y guardé su corazón entre mis manos, y mantuve su calor con el del mío, esperando a cuando ella regrese, y dárselo todo...
en mi próximo delirio, en mi proxima alucinacion.
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