martes, 13 de abril de 2010

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos


Eterno resplandor de una mente sin recuerdos
Refulgente en divino pedestal,
Sin sombras que oscurezcan tu blanco brillo,
Inmaculado sin mancha que te pueda dañar.
Excelso fulgor uniforme y monótono
Irradias en un profundo vacío
Mas el vacío sin sentir no influye,
Libre e imperceptible pasa por la perdida mirada, voluble y fugitiva.
Imperturbable.
Como el humo danzante del cigarrillo ardiente
Así tu memoria se esfuma en la nada,
y muere.
Los vestigios de un pasado como sombras o marea,
Que se alejan y regresan,
Se deshacen en tus manos como burbujas flotando en el viento del olvido,
Que desgreña los cabellos de cabezas obnubiladas en el ayer,
Y fallece en el océano del tiempo,
Que fluye constante sin mirar atrás.
Espacio blanco creas en el ser,
un cuarto espacioso y desocupado,
como un desierto donde nunca pasó nada,
pero en que la verdad se ríe insidiosa a carcajadas en su espejo cruel,
reflejo cruel.
Como la mente infantil carente de experiencia en la vida,
Como una copa de vino que se lava para volverse a llenar,
de un nuevo vino, de un nuevo sabor.
Bendito sea tu manto de puro algodón
Que erige en la mente nubes atemporales, impersonales,
Y con ellas diferencias al individuo, libre y solitario en el mundo,
Dejándolo todo fluir al infinito, de un espacio ignoto y lejano.
Pero eterno resplandor de una mente sin recuerdos
El vacío es tu insignia y la nada tu signo,
El silencio tu nota que invade el interior.
Y como lagrima que se pierde en el mar
Como el ultimo grano de arena en el reloj,
Como la ultima pieza en el tablero de la jugada perdida
Tu benevolencia es el morir y renacer ante un suicidio obligado.

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