A que tópico habré de dedicar mis palabras,
sino es al ya tan otorgado de versos y suspiros: Tu belleza.
Deslumbrante y exasperante profunda beldad que exalta cada poro de mi piel
ansiando por poder tocarla, por derretir mis labios en ella,
deseando ser insulso fluido en tus palabras, derramando de tu boca terciopelada.
Mi mente ruge por tenerte,
y enciende infinitas piras fervientes que deberían arder en tu piel,
desgreñar tus besos con los míos y asfixiar en abrazos toda tu ternura, todo mi querer. Belleza! Inextinguible belleza!
¿Acaso algún día dejarás de poseerla de tal manera como me enloquece ?
si eso habrá de suceder, entonces asesina mi lado agraciado que contempla la hermosura y vertería lagrimas en tus labios, pues entre rosas marchitas y sueños opacos he de caducar, arrastrándome por lo insulso y mordaz, revolcándome en frío barro, maldiciendo al despreciable cielo soleado, hipócrita y falso,
aquel que a tus ojos la hermosura ha quitado, llorando a la luna su perdido encanto, ya que si has de perder tal efecto en mi,
nada bello tendrá el sentido de seguirme inspirando.
Mientras el esplendor de tu belleza exista pienso y fantaseo,
Y me revelo mis más amplios deseos de sofocarte en la tibieza de mis suspiros,
en las ansias de mi desdichada piel solitaria,
y esparcir océanos incendiados por las rutas de tus piernas,
desembocar en tan placido destino, dilatando mi cuerpo en tu tez de sábanas de seda.
Ser rosa que guíe tu cuerpo de clavel en la noche,
ser fantasma que desvista tu conciencia,
ser poeta que escribiera los gemidos en tu cabeza,
ser esclavo de tus ojos, inmensas estrellas que todo en mi alumbran, y persuaden, aquellos que a los míos tientan, y que si su encanto acabara serian las perlas que duermen en el sarcófago oceánico, los tesoros que esconde y resguarda el monstruo de agua.
¡Ay hermosa, como me apena pensar todo esto!
Porque ya se que de nada sirve si ya todo ha pasado, ya todo ha caducado
Ya no soy, ni eres, ni somos,
Ya todo esta muerto
Ya se que te he matado.
Pero la sangre en mis sabanas me recuerda tu calor tan rojo y dulce,
Tu rostro tan doliente en el momento en que pediste que te penetre,
Y mi cuchillo se deslizo por tus pechos, y mi locura te ha descuartizado.
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