lunes, 22 de marzo de 2010

Conversar

Somos participantes adictos en un juego que nunca deja de ser un juego.
Que no deja de ser tan solo un juego, pero que si podría dejarse llevar, si podría llegar mas allá.
Pero no se puede, no se debe, no podemos transmutar los engranajes de la maquina que funciona siempre en situaciones disociables; y nos quedamos solos, pero acompañados de alguien.
Pero nunca nos dejamos,
y siempre nos mantenemos un poco cerca, y a veces las estrellas se asocian y nos juntan,
y los cosmos centellan en una grata alegría, en una benevolencia tan apasionada.
Pero en realidad, nada esta liberado de verdad, porque lo verdadero... lo verdadero es lo que no se puede entregar o tomar, lo que queda prisionero de la condición furtiva,
y dejamos que la cotidianeidad nos lleve a lo que tenemos siempre seguro, y así dejamos todo en esa milésima de seguridad que se cae y vuelve a su prisión de sombras, de inercia, de distancia
y sin el verdadero expresar, sin una sincera libertad, sin darlo todo, sin tomarlo,
sin entregar o aceptar, y nos dejamos caer como cae todo, como ebrios de la nada,
anhelando al tiempo pasado, al futuro,a poder adelantar por capítulos esta novela,
y llegar al capitulo, a la escena en que "nosotros" es una verdad.
A poder encontrar las palabras, los besos, las lagrimas, con la pureza que se siente en nuestro interior, mas alla de todo y de todos...
pero esta vida no nos dio el control para poder adelantarnos a ese momento y lugar, y nos desvencijamos en la cotidiana seguridad.
Y te doy un beso y me callo, y deglutimos todas las palabras.
Y se nos llena el cuerpo de esa sensación de que no estamos conformes,
de que tenés que largarlo todo; pero no podes, un letargo te somete y te callas,
y te dejas llevar por la pasión del momento, y los besos, y las caricias y los besos en el cuello,
y ya fue… otro día será, o quizá nunca, o quizás alguno…
algún día, pero se lo ve muy lejano.

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