
Los colonizadores desembarcaron en las tierras meridionales.
El descubrimiento de América, genocidio.
Culturas indias exterminadas,
Indios muertos esparcidos a lo largo del territorio,
La maldición de algún Rey Dios Azteca en el oro robado.
La madre se venga y esparce pestes para los dioses blancos
Que llegaron en barcas voluminosas,
Ataviados de codicia y muerte.
Ratas bípedas que traen enfermedades,
Viruela y gripe fueron sus compañeras de viaje.
Desesperación monetaria, paulatina escasez de recursos,
Exasperada búsqueda hacia otras tierras.
Deserta del buque,
Solo hay ratas, navegantes y la muerte acompañándoles.
Cazadores furtivos de un nuevo continente, infames injuriosos,
Probaron los nuevos tesoros y los quisieron todos.
Atracadores empedernidos, de una tierra fértil, de fructuosas culturas.
“Solo hay una enfermedad y yo soy su catalizador”
(Gritó el condenado orgullo del portador)
"La salvaje avaricia".
Acentuaron banderas en la tierra ajena
Con la fervorosa coartada del apoyo de un linaje real,
De una inmaculada misión de culturizar, o aculturar…
Los espíritus de la pulcra madre
Desplegaban banderas de hierbas en sus cráneos,
Y ahora dan vueltas en su carrera nocturna del desvelo,
Disfrazados de viento insidioso, acechando silentes…
Ellos aguardan. No están solos, la naturaleza los ayuda.
Coalición tenaz.
La tierra violada saciará poco a poco su sed de venganza.
Destructores tormentas crearán ruinas ensangrentadas,
Agobiantes calores evaporaran su orgullo de infamia,
Tempestades arrazantes liberarán el idómito poder de la gentil madre.
Algún día sentirán los reclamos de una tierra arrasada a lo largo del tiempo.
Algún día llegará su momento de pagar una deuda extrema,
De vivir en carne una historia de penas,
De sentir la fuerza de toda la América.
Exprime la abundancia al máximo
Hasta que la fuente la reclame
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