
El asesino camina lenta y lánguidamente
por el rojizo camino.
Su semblante brilla
por la claridad de sus ojos marrones.
Sus labios sedientos de amor
liberan un grito de libertad
y estremece el canto
de las aves de la costa.
El espejo fue roto....
Ya no se podrá encontrar el reflejo en él...
La muerte...fluye por sus brazos.
La ociosa lapida espera...
Flores rojas sobre ella...
No hay más vida en el perímetro.
Las luces se apagan.
La música termina.
Solo almas vagas rondan por los valles.
Antes había danzas, risas y flores;
El sol convertía en oro nuestros cabellos.
La luna nos elevaba aun cielo de placeres
y en su centro había copulas doradas
y deliciosas sustancias que estimulaban nuestros sentidos.
El asesino avanza.
El toma un pedazo de espejo
y vierte su sangre en el.
El ritual comienza.
Naturaleza acepta la vida del viajero,
Absorbe su energía.
Has de su cuerpo una flor
y de su mente una pluma
que flota con el viento.
Los ojos de la noche se ponen sobre él
cuando el sol se oculta.
La luna aparece.
Los espíritus de la noche
surgen y corren por los caminos,
buenos y malos celebran la ceremonia.
La luz de la luna se filtra por los árboles,
la espesura del bosque lo sumerge en ella.
Sus huellas indican el sendero,
pero son borradas paso a paso
por Los Niños de la Noche.
Cruza la línea atraviesa el umbral,
los cuervos de negro ocre vigilan sus pasos.
Los cantos de la noche comienzan,
La música del bosque.
El asesino danza.
Entra en transe y su mente se eleva.
Su cuerpo se aleja.
La naturaleza lo lleva.
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